La palabra guerra, para la mayoría de las personas, incluyendo a los políticos (sí), tiene connotaciones muy conocidas, que me hicieron redactar este post a propósito de la "guerra contra el narcotráfico". Esas connotaciones son muy conocidas de quienes las utilizan y siempre traen consigo una necesidad por hacer urgente o vital alguna acción.
Lo primero que viene a la mente es el enfrentamiento entre dos grupos que dedican todos sus recursos para ganarlo, lo que significa que acceden a ciertos recursos o poder para ejercer una voluntad sobre un espacio u otro recurso. Aquí se crean los buenos y los malos, o simplemente el enemigo, y lo que sigue es la necesidad de destruir completamente al otro. Esto, en el discurso maniqueo, sirve al mismo tiempo para justificar a los buenos, para considerar que cada una de sus acciones es aceptable porque esto es una guerra y hay que acabar a los malos.
Utilizar el término "guerra" en un asunto de seguridad interna, que tampoco tiene que ver con una guerra civil, impone a la gente la necesidad de otorgar recursos extraordinarios, que bajo otras condiciones no estarían dispuestos a ceder, por ejemplo: la vida en un retén militar o la tranquilidad por una balacera enfrente de la casa, o la utilización de vías alternas para llegar a sus casas, trabajos o escuelas. Esto no lo hacemos todos a la ligera, pero pensar en que el gobierno "sí está haciendo algo", puede generar algo de tranquilidad en muchos.
El problema no es que no se deba aplicar la ley, o al menos que haya más seguridad, sino la forma en que se está haciendo actualmente en los estados de México donde "no tenemos una policía capacitada". Son los militares los que cumplen funciones que no les corresponden, y sus acciones, de acuerdo con el gobierno federal deben ser aceptadas por la población, porque esto es una guerra y hay que ganarla no importa qué.
Esta retórica cansa, sobre todo porque es usada estúpidamente por los medios de comunicación y la mayoría de las personas, como si realmente fuera su deber permitir que las leyes sean violentadas a cambio de la ilusión de mayor seguridad.
P.D. Este post lo debí haber publicado hace como un mes, cuando todo esto estaba en su apogeo, ahora parece como si los soldados se hubieran ido y todo mundo tranquilo. La verdad es que están por todos lados y lo único que nos queda es seguir las noticias sobre la inminente privatización de todo lo que parezca complicado en PEMEX, las elecciones internas en el PRD y una que otra cosa sobre el Tíbet y los fracasos de la selección mexicana. Au revoir.
Etiquetas: ¿y eso qué?, Ajá, conflicto, mañana por la mañana
Echeverría fue el primer presidente de México que supo organizar la política exterior de México para tratar de impactar en la oposición interna. De
El caso de Echeverría fue espectacular, apoyó, por ejemplo, a Allende antes de ser derrocado, y después, rompió relaciones diplomáticas con Chile, con aquello de la democracia y determinación de los pueblos. Este señor, que ahora es utilizado políticamente por los panistas para ejemplificar su interés por las víctimas del priísmo, se declaró el mejor amigo de los países del Tercer Mundo, y hasta propuso, para América Latina, la creación de un mecanismo para regular precios de materias primas y asegurar mercados cuando el de Estados Unidos no fuera tan demandante. Y en general, en este periodo México aumento sus pobres relaciones diplomáticas, agregando a sus representaciones, países con los que México sólo tenía en común la pobreza.
En las relaciones internacionales todo fue un fracaso: las materias primas de América Latina ya no eran tan importantes, los derechos económicos eran nada sin el apoyo de Estados Unidos, y México conservaba la concentración en sus relaciones comerciales y políticas con los gringos. Pero a nadie le importaba que fracasaran, todo estaba dirigido para calmar los ánimos internamente. Salvador Allende había venido a México y dirigió discursos a los jóvenes, y los países pobres le daban a Echeverría la confianza en su liderazgo. La política exterior estuvo motivada por la situación interna, aunque quién sabe si funcionó, en las siguientes “elecciones” (de 1976) nada más hubo un candidato (del PRI, claro) y en ese nuevo sexenio comenzaron las reformas electorales que pondrían al PRI in a very hinder position.
El caso es, y para no hacer esto más aburrido, que otra vez estamos en las mismas, con una política exterior que pretende ser activa, sin que precisamente interese que internacionalmente resuene. Para Fecal, grotescamente preocupado por afianzar su posición y legitimar su gobierno, la política exterior es también la mejor herramienta. Empezó con la gira antes de ser nombrado presidente, por toda América, reuniéndose con líderes clave para la opinión pública mexicana (los de Sudamérica), pero estratégicamente insulsos para las relaciones internacionales de México. Y ahora, revivió, con su secretaria de relaciones exteriores, la señora que siempre está enojada, Patricia Espinosa, el asunto de la diversificación de relaciones de México, algo que es imposible, tomando en cuenta que casi todo el comercio exterior de México es con Estados Unidos, con ellos tenemos
Fantásticamente, en este momento salen de la política exterior los discursos y objetivos más optimistas y socialmente aceptables: hacer que la imagen de México sea la de “un país seguro y atractivo para la inversión, el comercio y el turismo. Una nación decidida a participar e influir en las decisiones que afectan su futuro y el porvenir de los mexicanos, dentro y fuera de nuestras fronteras”, aunque la capacidad del país para lograrlo sea deleznable, y el verdadero objetivo sea legitimar a un gobierno electo por un tribunal.
Etiquetas: Ajá
Aquí en Baja California estrenamos consejos distritales, y en los primeros meses comienzan las campañas electorales, si asumimos que el gasto de Elorduy en imagen personal, y la propaganda de Hank Rhon no cuentan. ¿Empezarán los "peligros para Baja California? ¿seguirá siendo este estado, un apénidice panista forever?

Etiquetas: Ajá, Estoy aburrido
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