Echeverría fue el primer presidente de México que supo organizar la política exterior de México para tratar de impactar en la oposición interna. De
El caso de Echeverría fue espectacular, apoyó, por ejemplo, a Allende antes de ser derrocado, y después, rompió relaciones diplomáticas con Chile, con aquello de la democracia y determinación de los pueblos. Este señor, que ahora es utilizado políticamente por los panistas para ejemplificar su interés por las víctimas del priísmo, se declaró el mejor amigo de los países del Tercer Mundo, y hasta propuso, para América Latina, la creación de un mecanismo para regular precios de materias primas y asegurar mercados cuando el de Estados Unidos no fuera tan demandante. Y en general, en este periodo México aumento sus pobres relaciones diplomáticas, agregando a sus representaciones, países con los que México sólo tenía en común la pobreza.
En las relaciones internacionales todo fue un fracaso: las materias primas de América Latina ya no eran tan importantes, los derechos económicos eran nada sin el apoyo de Estados Unidos, y México conservaba la concentración en sus relaciones comerciales y políticas con los gringos. Pero a nadie le importaba que fracasaran, todo estaba dirigido para calmar los ánimos internamente. Salvador Allende había venido a México y dirigió discursos a los jóvenes, y los países pobres le daban a Echeverría la confianza en su liderazgo. La política exterior estuvo motivada por la situación interna, aunque quién sabe si funcionó, en las siguientes “elecciones” (de 1976) nada más hubo un candidato (del PRI, claro) y en ese nuevo sexenio comenzaron las reformas electorales que pondrían al PRI in a very hinder position.
El caso es, y para no hacer esto más aburrido, que otra vez estamos en las mismas, con una política exterior que pretende ser activa, sin que precisamente interese que internacionalmente resuene. Para Fecal, grotescamente preocupado por afianzar su posición y legitimar su gobierno, la política exterior es también la mejor herramienta. Empezó con la gira antes de ser nombrado presidente, por toda América, reuniéndose con líderes clave para la opinión pública mexicana (los de Sudamérica), pero estratégicamente insulsos para las relaciones internacionales de México. Y ahora, revivió, con su secretaria de relaciones exteriores, la señora que siempre está enojada, Patricia Espinosa, el asunto de la diversificación de relaciones de México, algo que es imposible, tomando en cuenta que casi todo el comercio exterior de México es con Estados Unidos, con ellos tenemos
Fantásticamente, en este momento salen de la política exterior los discursos y objetivos más optimistas y socialmente aceptables: hacer que la imagen de México sea la de “un país seguro y atractivo para la inversión, el comercio y el turismo. Una nación decidida a participar e influir en las decisiones que afectan su futuro y el porvenir de los mexicanos, dentro y fuera de nuestras fronteras”, aunque la capacidad del país para lograrlo sea deleznable, y el verdadero objetivo sea legitimar a un gobierno electo por un tribunal.
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